La historia del embalaje

FaltkartonsUna vez más, la rutina se convierte en costumbre y, la costumbre, en hábito. Realizamos las mismas acciones una y otra vez, día tras día, si tan siquiera llegar a plantearnos de dónde surge nuestro trabajo, de dónde procede o cómo ha evolucionado.

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Así que, retrocedamos en el tiempo y… ¡empecemos!

Un pasito tras otro

Conservar y preservar las cosas no siempre se ha hecho del mismo modo, pero indiscutiblemente, no es un hábito nuevo que nos hayamos sacado de la chistera. En la prehistoria, ya existía la necesidad de embalar, para preservar y conservar lo que consideraban necesario.

Los usos se han ido modificando con el paso de los años, así como los recipientes donde se han ido embalando las cosas. En el año 8.000 a.C, por ejemplo, los habitantes enlazaban entre sí diferentes tipos de hierbas y, también, utilizaban barro para hacer vasijas. Esos eran sus recipientes, y su función era la de preservar, pero no conservar.

En el año 1.500 a.C, empieza a surgir el vidrio como recipiente, pero no consiguen encontrar el modo de hacerlo más resistente, por lo que sólo pueden preservar pequeñas cantidades de sólido o líquido. Los romanos, además, también empezaron a utilizar pieles para hacer botas (de beber) o barriles de madera para almacenar líquidos, sacos, tarros o urnas de barro cocidas…

Del año 700 al 900 d.C, en China nace el concepto del papel, pero lo mantienen como secreto de estado y no lo comparten con el resto del mundo durante muchísimos años. De todos modos, cuando ese maravilloso invento surge ya a la luz mundial, el mundo del embalaje empieza a revolucionarse, puesto que se abre la puerta del etiquetaje y, por lo tanto, de la preservación, conservación y almacenaje de cualquier tipo de producto. Si nos trasladamos a esa época, a la falta de recursos, estilo de vida, y nivel de evolución, el papel fue todo un descubrimiento que revolucionó el mundo entero y a casi todos sus sectores.

A raíz de su nacimiento, el papel empieza a extenderse por casi todos los países del mundo, hasta que, en el año 1200 d.C llega a España y se va extendiendo por toda Europa, utilizando el papel para etiquetar los diferentes envases y así poder diferenciar sus contenidos. Pero los envases siguen mejorando y creando soluciones de conservación, más duraderas en el tiempo. En el año 1700 d.C, por ejemplo, Francia descubre que su oro líquido, el champagne, puede conservarse, envasarse y almacenarse de un modo mucho más práctico, y es que el corcho, con la medida adecuada y la forma correcta, conserva todas las propiedades de su bebida. Con los años aparece la mermelada en tarro, la hojalata soldada para alimentos sólidos, el tapón roscado y, en el año 1850 d.C, aparecen, por primera vez, nuestros actuales recipientes de embalaje: las cajas de cartón.

A partir de ese momento, también han evolucionado, mejorando el tipo de cartón, la durabilidad, resistencia, sistemas de cierre, montaje… Sin lugar a dudas, un mundo entero de posibilidades entre las que poder escoger.

 

 

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